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¿Celuloide o pixeles?

Érase una vez, en un soleado 19 de mayo de 1999, la industria cinematográfica cambió para siempre…

El buen George Lucas, culpable del fervor de millones de groupies de Star Wars, impactó al mundo del cine con el estreno de Episodio I: La Amenaza Fantasma. Por primera vez en la historia se exhibió en cines una película “filmada” con cámaras digitales, dando pie a un interminable debate sobre cuál era el mejor formato para el cine: ¿celuloide o digital?

Siendo un joven e inexperimentado productor, ¿qué tanto podría yo aportar a esta discusión si todos los grandes cineastas ya se han pronunciado al respecto, y al final del día, no hay una respuesta definitiva?

Para no hacerte el cuento largo, te adelanto que no hay un ganador absoluto entre el cine en celuloide y el cine digital. Ambos tienen grandes ventajas y desventajas. Si todavía no te hago cabecear, te voy a decir por qué. Empecemos con el cine digital:

Una de las principales ventajas del cine digital es que, a diferencia del celuloide, es económico. Comprar rollos de película, revelarlos y transferirlos a digital puede acabar con tu presupuesto, mientras que con el formato digital puedes destinar presupuesto a muchos otros elementos necesarios para tu rodaje. También es más accesible y manipulable. Los procesos de revelado de celuloide son tardados y no puedes acceder a ellos rápidamente. Al filmar en digital, prácticamente podrías editar en set, acelerando tu postproducción. Por último, es un medio más “fácil” de usar. Con el cine digital puedes ver instantáneamente tu toma en un monitor, y si no quedó como esperabas, la puedes repetir una y otra vez sin preocuparte por acabarte el rollo.

Lo digital abrió la puerta a nuevas posibilidades, como la revolucionaria Avatar, de James Cameron, quien tuvo que esperar 13 años para que la tecnología existiera para hacer su película. O Colateral, de Michael Mann, quien nunca hubiera podido capturar los colores del cielo nocturno de Los Ángeles sin una cámara digital con un sensor diseñado específicamente para esa película. O Russian Ark, de Aleksandr Sokurov, quien nunca hubiera podido hacer el primer largometraje de la historia en un planosecuencia porque no hubiera sido posible rodar sin múltiples discos duros una sola toma de más de 90 minutos. Nada de esto hubiera sido posible sin el formato digital.

No obstante, cuando se hace cine digitalmente se pierde una cualidad mágica que los puristas defienden a capa y espada. Grandes cineastas como Tarantino, Scorsese y Nolan (mis ídolos, dicho sea de paso), se mantienen fieles a la forma más pura de hacer cine: capturar 24 imágenes fijas en un segundo que, al ser proyectadas frente a una luz, dan la ilusión de movimiento. Ésta es la esencia del cine, su magia. Y desde un enfoque aún más filosófico, estos directores desean que sus películas existan en el mundo físico. Quieren que sus miles y miles de metros de cinta pertenezcan a este mundo tangible para que sus obras pasen a la posteridad, a diferencia de las películas digitales que se quedan almacenados entre miles de millones de terabytes y lenta pero seguramente pasarán al olvido, o por lo menos eso es lo que piensa el maestro Scorsese.

El último argumento, el más importante, la batalla que antes ganaba el celuloide con la mano en la cintura, y hoy no tanto, es la calidad de la imagen. La imagen del celuloide tiene una textura única que ningún sofisticado programa de postproducción puede igualar. Los colores son más fieles, las sombras son más marcadas, la imagen es más orgánica. La imagen digital es más nítida, al grado en el que, para algunos, la imagen se ve artificial. Pero la fotografía digital ha avanzado mucho desde Episodio I, tanto que, desde el 2008, seis de los ocho Óscares a Mejor Cinematografía se los ha llevado el equipo digital. Se está poniendo pareja la cosa.

Afortunadamente, el cine no se hace siguiendo una serie de reglas intransigentes y dogmas. Las posibilidades del cine son infinitas, así como sus herramientas. A pesar de que la industria se inclina cada vez más hacia el quehacer cinematográfico digital, podemos estar tranquilos de que el celuloide no está al borde de la extinción, no mientras los puristas lo mantengan con vida. Entonces, por favor, KEEP CALM AND DISFRUTA EL CINE.

Acerca del autor

Gibran Fadl

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